Archive for the Uncategorized Category

La carretera

Posted in Uncategorized on enero 22, 2019 by CharlyMorata

Un día despierto en mi cama

y me pregunto si será este el día.

Me pregunto si tendré buenas noticias

o si tan solo las tendré.

 

Siento que el día a día es como una carretera

que se deshace en pedazos con el tiempo.

Aparecen baches que dañan a los de tu alrededor,

señales que avisan de que no es segura.

 

Pides ayuda, consejo, compañía…

Intentas tirar para adelante,

pero tu vida es la carretera con más accidentes,

con constantes camiones que la agrietan más y más.

 

Sí es verdad que un día alguien llega,

como si de un caballero andante se tratase,

y asfalta de nuevo esa carretera.

Dándole una una nueva vida, un nuevo propósito.

Una carretera lista para ser otra vez desquebrajada.

Un vida para ser otra vez probada.

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Sin luz en este túnel

Posted in Uncategorized on enero 14, 2019 by CharlyMorata

Siempre intentas.
Te desesperas.
Tiras la toalla, lo dejas.

Años buenos vendrán,
dicen.
Años buenos llegarán,
mienten.

No veo el final
de este cuento amargo.
Comeremos perdices y seremos felices
Perdices muertas y felicidad irreal

Quizás por eso vuelves
al principio.
Vuelves a intentar reparar.
No sabes el qué ni cómo,
pero algo debe haber mal.

Mientras tanto, todo sigue,
nada se para.
No hay respiro que valga,
solo oscuridad que mata.

Buscafortunas

Posted in Uncategorized on marzo 23, 2018 by CharlyMorata

Si ando por los laberintos de tu fortuna,
¿hallaré la mía?

Quizás ese sea el problema,
que busco algo que ya tenía.
Quizás no sea dinero o vida,
quizás sea algún detalle. Me lo temía.

Estoy decidido a dejar el viaje,
a no buscar tu fortuna, ni la mía,
porque de una cosa me he dado cuenta:
Todos somos afortunados en la vida.

Aina

Posted in Uncategorized on abril 20, 2017 by CharlyMorata

Estoy sentado en un banco. Justo delante de mi tengo un portal de una vieja casa. Me saludan; no la vieja casa, ni el portal, ¡por dios! La mujer, la mujer me saluda. Perdón, no os he hablado de ella. Ella es distante, egoísta y siempre está de mal humor. Pero es cariñosa cuando tiene que serlo, decidida con lo que se propone y, a veces, hasta te da caramelos, si le has caído bien. Bueno, una vez que sabéis quién es ella, o, mejor dicho, cómo es ella, seguimos.

Estoy embobado, mirando a la nada. Esa nada esta en la misma dirección que María, que saluda desde el portal. Cuanto más tiempo agita la mano, más raro me mira. Tras unos segundos, hace un gesto con los hombros de “no entender nada” y se marcha. Y en ese momento me giro: ahí está, con su peculiar andar y su movimiento hipnotizador. No, no hablo de María, sino de ella, de Aina. María se vuelve y, tozuda ella, me increpa que le estoy mirando el culo. Yo, mirándole el culo a ella, cuando me importa más bien poco; yo, que ya sólo tengo ojos para ella, Aina.

Justo al decírselo, se pone más furiosa. No lo entiendo: no sé si es por celos o porque cree que le estoy tomando el pelo. “¿De quién coño hablas?”, me dice ella. ¿Es posible no tenga ni idea de la mujer más hermosa de la faz de la tierra? Se lo pregunto a Aina, que esta a su lado, y ella sólo me sonríe, haciéndome el hombre más feliz durante unos segundos. Y María que me dice que estoy loco. ¡Loco!… ¿Te puedes creer que justo ella me pregunta si estoy loco? La verdad, no le he dicho nada, por respeto, y también por no alargar este mal rato que estoy pasando, que ya van 20 minutos. Lo único bueno de este rato es Aina, que esta al lado en silencio. Me levanto y me voy a casa. A ver, que tengo hambre y es tarde, no voy a estar todo el día sentado viendo como Aina me sonríe: ya lo haré mañana.

Me despierto. Un día nuevo. Voy al banco de nuevo. Me quedo mirando al frente, al portal. Sale María y me fulmina con la mirada, pero no le hago caso. Ella entra en cólera y viene rápido hacia mí. Entonces… accidente.

María está en el suelo, inmóvil, sangrando. Al lado está Aina, de cuclillas, mirando su cuerpo inerte; levanta la cabeza y me sonríe. Yo no sé que hacer: estoy paralizado. Comienzo a gritar a Aina, a decirle que llame a una ambulancia, pero ella, la gilipollas de ella, sólo sabe sonreirme. “¡coño, haz el favor de llamar a una ambulancia de una puta vez!”, le digo. Oigo a una ambulancia a lo lejos y dos mujeres de unos 50 años se acercan y se interesan por mi estado. ¿Mi estado? ¡Yo estoy bien! ¡Es ella (señalo a Aina, que me sonríe) que sólo sonríe al lado del cuerpo de María!

Las mujeres miran extrañadas y sólo dicen una cosa: allí sólo hay una chica…

Os voy a contar algo…

Posted in Uncategorized on febrero 8, 2017 by CharlyMorata

Os voy a contar una historia. Tranquilos, esta historia no va de príncipes y princesas, de héroes y villanos, no, no. Esta historia cuenta algo más.

Érase una vez, o dos, un tipo con problemas para terminar lo que hacía. Las distracciones eran su peor enemigo. Un día decidió coger las riendas de su vida y se propuso estudiar guion. Hasta aquí todo bien. El pobre pensó que estudiar eso activaría el chip de la disciplina y la madurez. De la disciplina, no, y de la madurez, aún menos. Pero oye, que él seguía a lo suyo. Creyéndose que la perseverancia ganaría de goleada a la peligrosa procrastinación. Pero la cruda realidad era otra: se había enamorado de la procrastinación sin haberlo querido. Pasaban todos los días juntos, casi todas las horas que un día puede tener y más. ¿Cómo ahora iba a terminar lo que siempre empieza? Entonces vino, lo que se llama, la ayuda mágica: los objetivos.

Los objetivos no eran unos tipos fáciles de manejar. Los objetivos a veces te daban la mano para que los alcanzaras, pero otras veces se quedaban a lo lejos, mirando y sonriendo. Claro, y el chico se decía a sí mismo: ¡pero qué hijos de puta los objetivos! Un día, el chico se levantó de la cama. Llamaron al timbre. Nadie contestó pero el timbre seguía sonando. El chico abrió la puerta. El chico esperó en la puerta, como si fuera un guardián, y la verdad no sé por qué, a quien había llamado al timbre tantas veces. Pero nadie subía y el chico se empezó a poner de los nervios. ¿Quién coño llama al timbre tantas veces y luego no sube? Se asomó por la ventana y vio a un niño pequeño en la puerta de su casa. Le preguntó, gritando, si había visto a alguien llamar al timbre. El niño miró hacia arriba, sonrió y levantó lentamente el brazo, con el dedo índice apuntando hacia el telefonillo, y llamó. “Pero… ¡qué hijo de puta el niño!”, dijo el chico. Bajó rápidamente al portal y se encontró al niño sonriendo. El chico le echó la bronca, pero el niño seguía sonriendo, feliz. Entonces por la ventana se asomó la procrastinación, gritando que “subiera ya, que dejara de perder el tiempo con niños”. El chico miró hacia arriba y luego al niño, y lo entendió todo. El niño era uno de los objetivos de su vida. Ese niño estaba intentando que el chico despertara de aquella vida con la procrastinación, cogiera las riendas de su vida (de verdad)… …y alcanzara sus objetivos. El chico cogió de la mano al niño y se fueron a dar un paseo. Por el camino había un señor mayor en un banco. El señor mayor miró al chico y éste, casi sin pensarlo, se sentó a su lado. El niño miró a los dos y se fue corriendo y riendo. El señor mayor le dijo al chico que él era uno de sus primeros objetivos: vencer a la procrastinación. El chico no se lo terminaba de creer.

Durante varios días, el chico escribió cosas y las terminó. Se sentía mejor que nunca, y se fue encontrando a aquel niño en muchos sitios. Por ejemplo, se encontró al niño un día en su portal, otra vez. Le dijo que tenía que dejar de ser amigo de la vagancia y los malos hábitos. La vagancia y los malos hábitos eran unos “malotes de barrio” que habían sido amigos del chico desde niños. Bueno, volvamos al niño. El niño estaba en su portal y le dio la mano, otra vez, al chico. Y juntos se marcharon, CORRIENDO. Mientras corría, se unió a él un chico atlético y muy afable. Se presentó: “¡Hola! Soy el ejercicio físico diario”. Durante muchos años, el chico se hizo muy amigo del niño. Fue uno de sus mayores apoyos.

Un día, el chico se dio cuenta de algo: que cuando necesitara su apoyo, se presentaría en el portal, sonriendo y timbrando sin parar.

Instrucciones para “reír”

Posted in Uncategorized on diciembre 20, 2016 by CharlyMorata

Antes de comenzar con las instrucciones, tomar una actitud positiva y relajada para con lo que te va a hacer o ayudar a reír. En primer lugar, levantar levemente las mejillas; si al hacerlo se cierran una pizca los ojos, no alarmarse: vamos por buen camino. Hay que tener en cuenta que reír es lo mismo que ir al gimnasio: ejercitas muchos músculos, por lo que es la excusa perfecta para aquellos que viven de excusas para no hacer ejercicio. Una vez que las mejillas están levantadas, notarás que la posición de tu boca es molesta, por lo que es recomendable mover un poco el labio inferior hasta que se pueda apreciar nuestra dentadura. Llegado a este punto, no mires fijamente a la gente por más de tres segundos o pensarán que tienes algún problema en la cabeza. Para evitar esto, debes producir un sonido nasal que, aunque a priori parezca más a una onomatopeya de algún animal no descubierto, ayudará a que la otra persona empatice contigo y no piense que te faltan cuatro hervores (nota: no siempre funciona). Con las mejillas levantadas, los ojos medio cerrados, la boca medio abierta y produciendo ese sonido nasal, mantendremos en el tiempo esa postura mientras seguimos haciendo ese ruido o, en el caso de que no quieras hacerlo, repetiremos sin parar la palabra “JA”. Aunque parezca algo imposible de mantener en el tiempo, es una acción mecánica con efectos en bucle, es decir: cuanto más te rías, más te hará gracia y más te volverás a reír. Esto puede alargarse todo lo que quieras, pero debes saber que, igual que te hemos comentado anteriormente, prolongar demasiado tiempo la risa puede tener consecuencias negativas de la gente hacia tu persona. Por otra parte, prolongar más la risa y exagerar todos los movimientos que te hemos enseñado puede producir un efecto “espejo” y que tu risa sea contagiada a más personas a modo de virus. Es importante que, durante todo este proceso, reprimas todas las ganas de orinar que aparezcan de repente; si no lo consigues, puedes volver a reírte como te hemos enseñado sin tomarte como algo personal las risas y/o miradas de las otras personas hacia ti.

Definición de CONSEJO

Posted in Uncategorized on diciembre 20, 2016 by CharlyMorata

Orden, camuflada por un tono amable, en la que haces creer a la persona que eso que está haciendo está bien pero que sería mejor si lo hace como tú le dices. El valor del consejo reside en que, mientras tú piensas que eres autónomo en tu decisión de hacer algo, el aconsejador piensa que haría ese algo mejor que tú y te engaña para que, finalmente, escojas el camino que él te ha señalado. Puede ocurrir que en ocasiones el aconsejado no caiga en la trampa del aconsejador y cite una de las frases más utilizadas en estos casos “es un consejo. Puedes hacer lo que quieras luego” manipulándote, otra vez, sin que te des cuenta.