La carretera

Posted in Uncategorized on enero 22, 2019 by CharlyMorata

Un día despierto en mi cama

y me pregunto si será este el día.

Me pregunto si tendré buenas noticias

o si tan solo las tendré.

 

Siento que el día a día es como una carretera

que se deshace en pedazos con el tiempo.

Aparecen baches que dañan a los de tu alrededor,

señales que avisan de que no es segura.

 

Pides ayuda, consejo, compañía…

Intentas tirar para adelante,

pero tu vida es la carretera con más accidentes,

con constantes camiones que la agrietan más y más.

 

Sí es verdad que un día alguien llega,

como si de un caballero andante se tratase,

y asfalta de nuevo esa carretera.

Dándole una una nueva vida, un nuevo propósito.

Una carretera lista para ser otra vez desquebrajada.

Un vida para ser otra vez probada.

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Sin luz en este túnel

Posted in Uncategorized on enero 14, 2019 by CharlyMorata

Siempre intentas.
Te desesperas.
Tiras la toalla, lo dejas.

Años buenos vendrán,
dicen.
Años buenos llegarán,
mienten.

No veo el final
de este cuento amargo.
Comeremos perdices y seremos felices
Perdices muertas y felicidad irreal

Quizás por eso vuelves
al principio.
Vuelves a intentar reparar.
No sabes el qué ni cómo,
pero algo debe haber mal.

Mientras tanto, todo sigue,
nada se para.
No hay respiro que valga,
solo oscuridad que mata.

Ya nada volverá a ser como antes…

Posted in Cosas de la vida on julio 9, 2018 by CharlyMorata
Hace un tiempo publiqué (creo) el nuevo single de Dani Martin, ex cantante de El Canto del Loco (lo especifico porque la cosa va de nostalgia) y os voy a contar qué me hace sentir.
No lo suelo escuchar, porque entro en bucle nostálgico y me tiro todo el día, pero cuando escucho “Dieciocho” de Dani Martín, me doy cuenta de cuantos años han pasado desde que unos chiquillos de 12-15 años se juntaban para hacer travesuras por su pueblo, hacerse vídeos para echarse unas risas, probar cosas nuevas, vivir cosas nuevas… No sé cómo es en una ciudad (seguro que distinto), pero vivir y pasar la adolescencia en un pueblo hace que todo se magnifique y se sienta al 200%.
Ya han pasado más de 15 años desde que ese grupo de chavales se convirtió en lo que ahora es mi segunda familia. Digo familia porque a pesar de no verlos tan a menudo, cada vez que nos juntamos disfrutamos como si nos viésemos todos los días y recordamos todo lo que nos ha ocurrido para llegar hasta ahora, y me siento como en casa con ellos. Han ocurrido millones de cosas, la mayoría de ellas ni siquiera las tenía en mente conseguir… He vivido tantos buenos y malos momentos que podría escribir un libro (digo “podría” porque mi memoria tampoco da para tanto… Necesitaría la ayuda de algún que otro wikicolega :P). No me arrepiento de nada de lo que he hecho, DE NADA, para llegar hasta aquí, pues (aunque suene peliculero) soy yo a base de todo lo que he vivido, con errores y aciertos.
A pesar de todo esto, durante este año he pensado mucho en aquellos años, aquellos maravillosos años en los que vivía sin pensar en qué sería de mí en unos años, dónde sentía al 200% lo que ahora solo lo siento al 100%… y dónde volvería con los ojos cerrados…
Pero, como dice la canción,
“…sabes que ese tiempo no va a volver. Sabes que ya nada volverá a ser como antes…”

 

Indigestión de palabras.

Posted in Inspiración espontánea on mayo 4, 2018 by CharlyMorata

Madrugada. Yo en el ordenador. Mi abuela durmiendo. Yo escribiendo en un teclado sin saber apenas qué poner, solo porque no me quiero ir a dormir (ahora mismo me parece lo más aburrido de la historia). Ya sé que dormir no suele ser aburrido, y menos a las 3 de la mañana, pero bueno, qué le voy a hacer.

vomito-palabrasSuena el tren. Lo tengo al lado de casa, en el pueblo. A escasos 500 metros. Lo llevo escuchando desde que soy un crío. Creo que nací ya con tren en mi cabeza; quizás por eso, a veces, lo oigo retumbar en mi cabeza, pero no, no es posible que sea el tren porque en Zaragoza no he vivido al lado del tren, ni en Madrid, ni en Burgos ni en Alcañiz. Igual es que mi mente le da al play para escucharlo un rato y hacerme creer que estoy en casa. Quién sabe… y yo menos.

Llevo ya dos párrafos escritos y un tercero empezado. Bueno, me he referido al tercero, como si se tratara ya de un bloque, pero solo son unas líneas. En fin. Ahora mismo me ha dado por pensar en el metro. No sé. Será que, como me voy a Madrid el sábado, pues mi mente de guionista está buscando nuevas formas de creatividad. Y es que el metro da para mucho. En el metro podría haber escrito 1000 películas, aunque no escribí ninguna. Quizás lo más importante que he hecho en el metro ha sido leerme el Silmarillon, y en un par de meses. Sí, es verdad. No estoy mintiendo; luego voy, cojo el Hobbitt y me quedo en las primeras páginas. Así soy yo. O no llego o me paso.

Próximamente se avecinan meses de creatividad, miedo, angustia, dolor… y alguna que otra pizza, que no estamos para tontear (¡Hola mamá! Seguro que te quedas con lo de la pizza…). Cuatro meses en Madrid. Dinero solo para tres. Sin trabajo. Veremos qué ocurre.

Y nada, ya vale de vomitar. A por otro cubata.

 

Buscafortunas

Posted in Uncategorized on marzo 23, 2018 by CharlyMorata

Si ando por los laberintos de tu fortuna,
¿hallaré la mía?

Quizás ese sea el problema,
que busco algo que ya tenía.
Quizás no sea dinero o vida,
quizás sea algún detalle. Me lo temía.

Estoy decidido a dejar el viaje,
a no buscar tu fortuna, ni la mía,
porque de una cosa me he dado cuenta:
Todos somos afortunados en la vida.

Aina

Posted in Uncategorized on abril 20, 2017 by CharlyMorata

Estoy sentado en un banco. Justo delante de mi tengo un portal de una vieja casa. Me saludan; no la vieja casa, ni el portal, ¡por dios! La mujer, la mujer me saluda. Perdón, no os he hablado de ella. Ella es distante, egoísta y siempre está de mal humor. Pero es cariñosa cuando tiene que serlo, decidida con lo que se propone y, a veces, hasta te da caramelos, si le has caído bien. Bueno, una vez que sabéis quién es ella, o, mejor dicho, cómo es ella, seguimos.

Estoy embobado, mirando a la nada. Esa nada esta en la misma dirección que María, que saluda desde el portal. Cuanto más tiempo agita la mano, más raro me mira. Tras unos segundos, hace un gesto con los hombros de “no entender nada” y se marcha. Y en ese momento me giro: ahí está, con su peculiar andar y su movimiento hipnotizador. No, no hablo de María, sino de ella, de Aina. María se vuelve y, tozuda ella, me increpa que le estoy mirando el culo. Yo, mirándole el culo a ella, cuando me importa más bien poco; yo, que ya sólo tengo ojos para ella, Aina.

Justo al decírselo, se pone más furiosa. No lo entiendo: no sé si es por celos o porque cree que le estoy tomando el pelo. “¿De quién coño hablas?”, me dice ella. ¿Es posible no tenga ni idea de la mujer más hermosa de la faz de la tierra? Se lo pregunto a Aina, que esta a su lado, y ella sólo me sonríe, haciéndome el hombre más feliz durante unos segundos. Y María que me dice que estoy loco. ¡Loco!… ¿Te puedes creer que justo ella me pregunta si estoy loco? La verdad, no le he dicho nada, por respeto, y también por no alargar este mal rato que estoy pasando, que ya van 20 minutos. Lo único bueno de este rato es Aina, que esta al lado en silencio. Me levanto y me voy a casa. A ver, que tengo hambre y es tarde, no voy a estar todo el día sentado viendo como Aina me sonríe: ya lo haré mañana.

Me despierto. Un día nuevo. Voy al banco de nuevo. Me quedo mirando al frente, al portal. Sale María y me fulmina con la mirada, pero no le hago caso. Ella entra en cólera y viene rápido hacia mí. Entonces… accidente.

María está en el suelo, inmóvil, sangrando. Al lado está Aina, de cuclillas, mirando su cuerpo inerte; levanta la cabeza y me sonríe. Yo no sé que hacer: estoy paralizado. Comienzo a gritar a Aina, a decirle que llame a una ambulancia, pero ella, la gilipollas de ella, sólo sabe sonreirme. “¡coño, haz el favor de llamar a una ambulancia de una puta vez!”, le digo. Oigo a una ambulancia a lo lejos y dos mujeres de unos 50 años se acercan y se interesan por mi estado. ¿Mi estado? ¡Yo estoy bien! ¡Es ella (señalo a Aina, que me sonríe) que sólo sonríe al lado del cuerpo de María!

Las mujeres miran extrañadas y sólo dicen una cosa: allí sólo hay una chica…

Os voy a contar algo…

Posted in Uncategorized on febrero 8, 2017 by CharlyMorata

Os voy a contar una historia. Tranquilos, esta historia no va de príncipes y princesas, de héroes y villanos, no, no. Esta historia cuenta algo más.

Érase una vez, o dos, un tipo con problemas para terminar lo que hacía. Las distracciones eran su peor enemigo. Un día decidió coger las riendas de su vida y se propuso estudiar guion. Hasta aquí todo bien. El pobre pensó que estudiar eso activaría el chip de la disciplina y la madurez. De la disciplina, no, y de la madurez, aún menos. Pero oye, que él seguía a lo suyo. Creyéndose que la perseverancia ganaría de goleada a la peligrosa procrastinación. Pero la cruda realidad era otra: se había enamorado de la procrastinación sin haberlo querido. Pasaban todos los días juntos, casi todas las horas que un día puede tener y más. ¿Cómo ahora iba a terminar lo que siempre empieza? Entonces vino, lo que se llama, la ayuda mágica: los objetivos.

Los objetivos no eran unos tipos fáciles de manejar. Los objetivos a veces te daban la mano para que los alcanzaras, pero otras veces se quedaban a lo lejos, mirando y sonriendo. Claro, y el chico se decía a sí mismo: ¡pero qué hijos de puta los objetivos! Un día, el chico se levantó de la cama. Llamaron al timbre. Nadie contestó pero el timbre seguía sonando. El chico abrió la puerta. El chico esperó en la puerta, como si fuera un guardián, y la verdad no sé por qué, a quien había llamado al timbre tantas veces. Pero nadie subía y el chico se empezó a poner de los nervios. ¿Quién coño llama al timbre tantas veces y luego no sube? Se asomó por la ventana y vio a un niño pequeño en la puerta de su casa. Le preguntó, gritando, si había visto a alguien llamar al timbre. El niño miró hacia arriba, sonrió y levantó lentamente el brazo, con el dedo índice apuntando hacia el telefonillo, y llamó. “Pero… ¡qué hijo de puta el niño!”, dijo el chico. Bajó rápidamente al portal y se encontró al niño sonriendo. El chico le echó la bronca, pero el niño seguía sonriendo, feliz. Entonces por la ventana se asomó la procrastinación, gritando que “subiera ya, que dejara de perder el tiempo con niños”. El chico miró hacia arriba y luego al niño, y lo entendió todo. El niño era uno de los objetivos de su vida. Ese niño estaba intentando que el chico despertara de aquella vida con la procrastinación, cogiera las riendas de su vida (de verdad)… …y alcanzara sus objetivos. El chico cogió de la mano al niño y se fueron a dar un paseo. Por el camino había un señor mayor en un banco. El señor mayor miró al chico y éste, casi sin pensarlo, se sentó a su lado. El niño miró a los dos y se fue corriendo y riendo. El señor mayor le dijo al chico que él era uno de sus primeros objetivos: vencer a la procrastinación. El chico no se lo terminaba de creer.

Durante varios días, el chico escribió cosas y las terminó. Se sentía mejor que nunca, y se fue encontrando a aquel niño en muchos sitios. Por ejemplo, se encontró al niño un día en su portal, otra vez. Le dijo que tenía que dejar de ser amigo de la vagancia y los malos hábitos. La vagancia y los malos hábitos eran unos “malotes de barrio” que habían sido amigos del chico desde niños. Bueno, volvamos al niño. El niño estaba en su portal y le dio la mano, otra vez, al chico. Y juntos se marcharon, CORRIENDO. Mientras corría, se unió a él un chico atlético y muy afable. Se presentó: “¡Hola! Soy el ejercicio físico diario”. Durante muchos años, el chico se hizo muy amigo del niño. Fue uno de sus mayores apoyos.

Un día, el chico se dio cuenta de algo: que cuando necesitara su apoyo, se presentaría en el portal, sonriendo y timbrando sin parar.